Fel y Cidad
En los alrededores del Lago Intermitente la autoridad incompetente decidió, por el acierto estadístico que asegura el azar, montar un centro tecnológico a la par que filosófico con el único objetivo de encontrar la felicidad. En ella se ubicaron los mejores científicos, tecnólogos, sociólogos, filósofos y demás gente acabada en os de la comarca. Dos años y medio después todos volvieron a sus casas, apesumbrados por el fracaso. El hijo del hijo del amigo de un cuñado retomó el proyecto contratando a gente risueña y alegre. Y encontraron la felicidad o, mejor dicho, la llevaron al centro; el problema, ahora, era llevarla a los alrededores.


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