viernes, abril 28, 2006

Siete días más


Existe una villa de nombre innombrable en El Mundo Burbuja. Dicen que hace ya tiempo y por motivos que no dicen, una traviesa diosa de la muerte fue a vivir allí. Hasta su llegada la gente fallecía como en el resto de lugares, era enterrada y llorada y absorbida por el continuo de la vida. Y la vida era llevadera en un hogar rodeado de verdes montañas, aguas cristalinas y cielos azules.

El nuevo ciudadano decidió cambiar las reglas. Cada siete días moriría uno de los habitantes de la villa, y ninguno más. Eso significaba, se pusieron a pensar algunos malpensados, que si el vecino que se acostaba con su mujer sufría un accidente, ellos se aseguraban vivir una semana más.

Años después, cuando Carlota se encontraba sola, como única superviviente, se puso a llorar. Su travesura había acabado con todos y a ella, la diosa de la muerte, le quedaban seis días de vida.

Textos: Alpargatus
Imágenes: FHNavarro
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posted by Felipe H. Navarro at 3:27 p. m. | 4 comments

POP


La mosca se posó tres veces sobre el cristal de sus gafas - pop, pop, pop – intentado descubrir el motivo por el cual aquella extraña e impenetrable capa de aire le permitía ver con mayor claridad. Iba a posarse una cuarta vez – casi pop – cuando pensó que era mejor no perder mucho tiempo con el enigma, al fin y al cabo su vida era demasiado corta.


Textos: Alpargatus
Imágenes: FHNavarro

posted by Felipe H. Navarro at 12:35 p. m. | 2 comments

jueves, abril 27, 2006

Conversación con mago


- ¿Cuál es el mayor secreto que guardas en tu chistera?

- Los secretos no se pueden guardar, si los encierras se convierten en conejos.

Textos: Alpargatus
Imágenes: FHNavarro

posted by Felipe H. Navarro at 11:20 p. m. | 0 comments

El Caminante


Alberto dedicaba la mayor parte del día en mirar el lugar por donde pisaba. Alberto era así, bonachón y cuidadoso, preocupado siempre de pisar lo suficientemente flojo como para no levantar una nube de polvo que hiciera toser a las hormigas, por no hacer demasiado ruido al pisar hojas secas o por crear minúsculos océanos con la forma de sus suelas.

Un buen día, cabizbajo pero contento, no acertó a ver la rama de un almendro que, ¡ruin!, se interpuso en su camino.

El bosque se quedó en silencio, observando desde los rincones inexistentes al pobre Alberto.

El pobre Alberto estuvo en cama 5 días, a los cuidados de un oso anciano y un ciervo entendido en cosas de hierbas y chichones.

Al sexto día Alberto volvió a salir a pasear; pese a los rumores, siguió andando con la mirada gacha. Lo más curioso y comentado en el bosque durante semanas fue el magnifico casco que se había comprado.


Textos: Alpargatus
Imágenes: FHNavarro

posted by Felipe H. Navarro at 11:04 p. m. | 1 comments

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