jueves, mayo 10, 2007

Una de inventos

Hacia mucho tiempo que nadie inventaba nada en la península de Barbarín, con lo que provocó un gran alboroto el anuncio del invento del, no hasta entonces, inventor Serafín.

El asunto no era baladí, pues Serafín había dado con la forma y el saber de saber construir un robot. Nifares fue el nombre asignado para el creado.

El nuevo habitante de Barbarín se movía como un habitante de Barbarín, hablaba como tal y, por asuntos de la ingeniería, carecía de la necesidad de beber o comer alimento alguno, aunque soportaba la bebida y la comida en abundancia como, de nuevo, cualquier habitante de Barbarín. Era, sin embargo, la principal diferencia del robot con respecto al resto de población su capacidad inventiva. Nifares comenzó inventando un nuevo invento cada mes, pasando su segundo año de existencia inventando cada semana, para más tarde inventar cada día, cada hora, cada minuto. Pasó de ser conocido como invento a inventor.

Fue muchos años después cuando Nifares fue aplastado por una piedra que del cielo cayó. Hacia mucho tiempo que no se dejaba de inventar en la península de Barbarín, lo que provoco un gran alboroto.

posted by Felipe H. Navarro at 7:21 p. m. | 2 comments

Patoso

El granjero Copérnico tuvo la mala fortuna de tener un pato sin patas. Y, claro, nunca pudo tener patitos. El pato soñaba con unas patas que le permitieran acercarse a la pata.
Comentaba Copérnico que si la pata, en lugar del pato, no hubiera tenido patas, no hubiese sido ningún problema para su pato el tener patitos.

posted by Felipe H. Navarro at 7:20 p. m. | 1 comments

Perico III "El batallador"

En las islas más occidentales de Mundo Burbuja, a escasas olas de distancia de las islas más orientales, reinó un rey sin reina bastante amargado. Su único pasatiempo era conquistar una isla tras otra, plantando su estandarte en cualquier pedazo de tierra que, olvidando su timidez, asomara fuera del mar. El rey tardó tan solo diez años, diez meses y diez días en convertirse en soberano de todas las islas occidentales. Una vez conseguida tan ridícula hazaña se aburrió. Y tanto y tanto se aburrió que decidió, aburrido, declararse la guerra a si mismo.

Murió ajusticiado por sus soldados justo dos horas antes de que cada isla se declarase independiente y aislada.

posted by Felipe H. Navarro at 7:19 p. m. | 0 comments

miércoles, mayo 02, 2007

Observadores

Marcos miraba el vuelo de las gaviotas todos los días, maravillándose de nuevo, como el primer día, con los deslizamientos de las aves sobre el flujo invisible. Podía pasarse horas así, embobado, abandonando el trabajo a un futuro venidero.

Allá, en el cielo, las gaviotas observaban, día tras día, al extraño mamífero que nunca apartaba la mirada, como si entendiera el auténtico significado de su vuelo. Podían pasarse horas así.

El pintor del lugar, Argos, rezaba porque las gaviotas siguieran surcando el cielo, porque el joven siguiera apareciendo todos los días para observarlas.
Al fin y al cabo, debía acabar un cuadro.

posted by Felipe H. Navarro at 10:11 a. m. | 1 comments

Negación

Morir nunca es agradable. Eso pensaban el escaso centenar de soldados que un día se pusieron de acuerdo para ser inmortales, negándose rotunda y tozudamente a perecer en cualesquiera que fuera la circunstancia. Pese a no perder jamás la vida, inmediatamente perdieron su trabajo, pues...¿qué sentido tiene mandar a una guerra combatientes que no pueden morir?

posted by Felipe H. Navarro at 10:11 a. m. | 0 comments

Colores

A muchos pasos de distancia del pozo que marcaba el centro de Mundo Burbuja se encontraba la aldea de Monocroma, un excéntrico lugar donde los colores estaban prohibidos. Cualquier visitante ocasional debía, como bien supondrán, vestir riguroso blanco y negro. Mas no acaba aquí la rigurosidad de la norma, pues en Monocroma no se podía sangrar, sacar la roja lengua o abrir los ojos en caso de carecer de oscuridad suficiente. Dicen que tan curioso reglamento lo impuso el primero de sus alcaldes que, envidioso de sus gobernados, nunca reconoció su daltonismo. Aunque nunca llego a la aldea la televisión en color, el cielo siguió siendo azul.

posted by Felipe H. Navarro at 10:10 a. m. | 0 comments

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